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jueves, 24 de octubre de 2019

Huevo escalfado


       Esto más que una receta es una elaboración. Para mi gusto, la mejor elaboración que puede tener un simple huevo, y que me perdonen los huevos fritos con patatas de los viernes que son mi perdición. Ahora con tanta moda de cocina y técnicas culinarias se ha puesto un poco de moda aunque sea con un nombre bastante cursi: "huevo poché". Pero que sepáis que de toda la vida ha sido un huevo escalfado. Nombre con autoridad, como bien merece una de las mejores cenas que te puedes tomar si tienes una barra de pan al lado. 

Dificultad: Muy fácil
Tiempo de elaboración: 5 minutos
Ingredientes:
- 1 huevo
- Agua, sal, AOVE y vinagre de vino blanco.

    Os voy a explicar la forma tradicional de hacerlos en mi casa, por lo que no voy a tener en cuenta el tema de ponerlos envueltos en papel Film, pues al film y al cabo, creo que cogen menos sabor y es un empegunte extra para hacerlo bonito. 

     Ponemos agua a hervir en un "zucezo" o "cazo" con un chorreón de vinagre, y justo cuando rompe a hervir, echamos el huevo como si lo fuésemos a freír, pero en el agua. O sea, sin cáscara y procurando que no se rompa la yema. Cuando veamos que el huevo tiene la consistencia del de la foto (uno o dos minutos como mucho), lo sacaremos con una espumadera procurando que no se rompa y lo ponemos en el plato. Añadimos una pizca de sal, un chorreón de AOVE (si es de cosecha temprana ya se te saltarán las lágrimas) y podemos añadir muy poco vinagre para que repunte un poco más, pero esto último ya es al gusto del consumidor. 

     Y ya está. Lo dicho. Con una buena barra de pan te sobran hasta los cubiertos, pues a base de "sopetillones" te lo puedes comer entero rebañando el plato hasta borrarle el dibujo del fondo. 

*Esta modalidad la puedes disfrutar así tal cual o aprovechar la técnica para cualquier plato que realices en el que termines coronándolo con un huevo frito o a la plancha, poniendo en su lugar al Gran Olvidado: "El Huevo Escalfado".
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lunes, 24 de febrero de 2014

Patatas de la abuela Lola (patatas a la importancia)


       El día de publicación de esta receta en el blog es el 24/2/2014, que es el primer cumpleaños de mi padre que no está con nosotros físicamente. El hombre que entre todas las demás cosas buenas de la vida, me enseñó y animó a cocinar, haciéndome ver por su forma de hacerlo, que cocinar todos los días no es una obligación si a todos tus platos le echas el ingrediente más importante de todos que es el cariño, pues siempre que le celebraba cada comida que hacía, le preguntaba: ¿y cómo lo has hecho?¿Qué lleva? Y él siempre me decía: "cariño". 

     No podía publicar este día otra receta que estas "patatas de la abuela Lola", su madre y mujer ejemplar por su coraje, talante y bondad. Es lo que siempre hemos comido el Viernes Santo en mi casa, aparte de otros manjares, y lo más curioso, es que la receta que más me recuerde a estas dos generaciones que me preceden y que tanto me han marcado y me han hecho como persona, en el mundo gastronómico se llamen "a la importancia", todo lo contrario de su forma de ser, pues fueron humildes, sencillos y discretos hasta el último momento de sus vidas. (Seguramente lo de "importancia" sea por lo importantes que siempre serán para mí). 


A mi padre y mi abuela Lola. Con cariño.

Tiempo de elaboración: 1 hora
Dificultad: Difícil
Ingredientes para 1 kilo de patatas: 

    - 1 kilo de patatas ("cucha" qué casualidad)
    - 1 cebolla mediana
    - 3 dientes de ajo
    - 1 vaso de vino blanco
    - 2 huevos
    - 125 gr de almendras fritas
    - aceite de oliva virgen extra, azafrán, sal, perejil, harina y colorante. 

     Lo primero que haremos será pelar, lavar y cortar las patatas en ruedas de un dedo de ancho, les echamos un poco de sal y las pasamos por harina, para posteriormente pasarlas por los huevos batidos, y freírlas en aceite de oliva hasta que se doren por las dos caras. Las sacamos del aceite y las vamos dejando con cuidado que no se rompan y no pierdan el rebozado en una cacerola ancha. 

    Una vez estén todas fritas, como las primas a las mil de la madrugada y después de contarles veinte cuentos cuando "duermen" juntas, en la sartén donde las hemos frito (las patatas, que no las primas), retiramos aceite y dejamos un culo generoso (de aceite...), y en él vamos a sofreír la cebolla muy bien picada o rallada. Mientras, en el mortero vamos a hacer un machacado con los ajos, el perejil, azafrán y una pizca de sal que facilita el machacamiento, como llevar tacones de un metro de altura las adolescentes en Nochevieja, que así acaban como acaban a las 8 de la mañana: "machacás". 

   Al machacado del mortero le vamos a añadir el vaso de vino blanco, ligamos y añadimos a la sartén con la cebolla, sofreímos todo junto unos 3 minutos y vertemos todo en la cacerola sobre las patatas. Las cubrimos de agua, rectificamos de sal y añadimos el colorante. Removemos la cacerola sin meter pala o cuchara ni nada para que no se deshagan, como cuando hacemos un pil-pil (ver bacalao al pil-pil), y cocemos durante 20 minutos. 

   A falta de 5 minutos (o sea, cuando lleve 15 minutos para las generaciones de la LOMCE), vamos a añadir las almendras picadas, removemos como antes y dejamos que termine de cocer. 

Y ya está. Unas patatas buenísimas que como guarnición para cualquier plato son algo exquisito y sin igual, aunque también se pueden devorar solas. Para mí, es uno de mis platos favoritos. 

*Espero que esta receta perdure en las siguientes generaciones, ¿eh, Carmela?

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lunes, 28 de octubre de 2013

Bolitas de espinacas

      Probando probando como diría el primero que sube siempre a un escenario, he conseguido hacer unas bolitas de espinacas muy cremosas que estallan en el paladar y que están muy ricas como aperitivo o para acompañar algún plato, preferentemente con comida. 

Dificultad: Media
Tiempo de elaboración: 30-40 minutos
Ingredientes para 2 personas (recuerdo que lo pongo como aperitivo, porque para comer con esto necesitas un prado entero de espinacas): 
                                               - 200 gr espinacas
                                               - 1 cucharada de harina de tempura
                                               - 1 ó 2 vasos de leche
                                               - 1 huevo
                                               - 1 cucharada de margarina
                                               - aceite de oliva vírgen, sal, nuez moscada

    Lo primero que haremos será lavar muy bien las espinacas, cortar y cocer con un poco de sal. Cuando estén cocidas, escurrimos y reservamos. 
   
    Mientras cuecen, podemos ir preparando la bechamel: en un cazo vamos a poner la margarina. Cuando se derrita, si lo hace en segundos vamos bien, pero si tarda un día, es que es verano pero no hemos encendido el fuego de la cocina. Una vez derretida y dicha esta tontería, pondremos la harina y con un batidor manual moveremos enérgicamente añadiendo de inmediato el vaso de leche. En este caso queremos que la bechamel quede bastante espesa porque si no, no vamos a poder hacer las bolitas. Añadimos un poco de sal y nuez moscada. Movemos con la batidora manual para que no queden grumos hasta que espese.

    Cuando la bechamel esté espesa la uniremos a las espinacas que estarán muy bien escurridas y hacemos una masa. 

     En un cuenco vamos a batir el huevo y a éste añadiremos la harina de tempura hasta que quede también como una masa que nos permita bañar las bolitas en ella. 

    Y en una sartén con aceite fuerte vamos a ir friendo las bolitas que haremos con 2 cucharas de la masa de espinacas pasándolas por un baño de huevo con harina. 

    Y ya está. Dejaremos escurrir en un plato con una servilleta de papel para que escurra el aceite y servimos. 

*Es posible que haya quejas de los lectores porque puede costar hacer las bolitas en función de lo escurridas que estén las espinacas y de la textura de la bechamel, pero también cuesta levantarse un Viernes Santo a ver Jesús o un día de Reyes para ver los regalos, y de eso hay mucha gente que no se queja. 
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miércoles, 22 de mayo de 2013

Tortilla de patatas

      La tortilla de patatas es el aperitivo por excelencia en la cocina mediterránea. Pongo este plato para celebrar la semana de existencia de este blog, el cual ha recibido más de 700 visitas en esa semana, y eso no es sólo lo que me ha abrumado, si no que de ellas, 70 proceden de Estados Unidos, de un blog que tienen ellos de gente que quiere perder peso. Así que, españoles y americanos, así hago yo la popular tortilla de patatas. 

Dificultad: media
Tiempo de elaboración: 45 minutos
Ingredientes para 2 personas (contando que uno de ellos se come 3/4 de la tortilla, aunque no voy a decir quién):   
             - 2 patatas medianas
             - 1/2 cebolla mediana (esto siempre será opcional)
             - 4 huevos talla "L" (aquí no vamos a batir marcas, sólo huevos)
             - NO ECHAR COCA COLA
             - Leche y sal. 

      Comenzaremos pelando las patatas y lavándolas. Las cortaremos en rodajas circulares, y éstas a su vez en triángulos cuya área, o sea, que su base por altura partido por dos, sea igual a 1 centímetro cuadrado. Si algún trozo sale con forma trapezoidal no pasa nada, siempre y cuando mantengamos el tamaño de la superficie. Esto lo pongo porque a falta de Coca Cola, esto nos servirá de refresco (de nuestros conocimientos), y porque la dificultad de la receta la he puesto en "media". 
       Picaremos la media cebolla y la añadiremos a las patatas. La cebolla también se puede rallar, pero yo prefiero picarla mucho. Ahora le echamos un puñado pequeño de sal. 
       Cuando tengamos el aceite caliente en la sartén, echaremos las patatas y la cebolla para freírlas sin que se nos lleguen a quemar. 
       Mientras frien las patatas batiremos en un bol grande los 4 huevos, añadiéndole posteriormente un pellizco de sal y un chorreón de leche. Removemos.
       Cuando las patatas estén en su punto, o sea, cuando pinchemos la patata con un palillo, le soplemos, nos la comamos y no esté cruda, (insisto que yo prefiero no freírlas demasiado para que la tortilla quede jugosa), las añadiremos en el bol donde reposan los huevos a-cansados o a-batidos. Mezclamos bien. 
      La elección de la sartén será importante. Aparte de que sea una sartén antiadherente (in an antiadherente sarten), es importante que sea pequeña para que cuando vertamos la futura tortilla, ésta coja altura y luego se quede gordita. Pondremos lo justo de aceite, o sea, un círculo que sea 1/3 de la superficie de la sartén.
     Y sin tener que calentarlo apenas, echamos los huevos con las patatas y cebolla a una potencia floja (5 sobre 11 en una vitro más o menos), y vamos dejando que se cuaje, dando con una pala plana de madera por los laterales para facilitar el cuaje y vaya cogiendo forma. 
     Iremos dando la vuelta a la tortilla con ayuda de un plato las veces que haga falta hasta que la veamos bastante dorada por ambos lados, ya que si nos ha salido gordita, debemos pensar que aunque se vea hecha por fuera, tardará más en hacerse por dentro. 
     Y ya está, emplatamos y espero que os haya quedado con una buena textura por dentro. Si se queda un poquito cruda, para mi gusto, es hasta mejor (ver foto). 
    Si alguno se atreve a hacerla, y sobretodo si es americano, espero que me lo comunique, bien en esta entrada, o en el foro del blog. GOOD LUCK!
     

*Se puede acompañar con tomate, con mayonesa, alioli o lo que se quiera. Hoy la presento con tomates impares en honor a mi hermano impar que me ha llamado cuando volteaba la tortilla.
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domingo, 19 de mayo de 2013

Huevos al plato

    Los huevos al plato es un plato muy típico en la gastronomía ubetense. Intentando recordar esas comidicas que hacía mi madre y que tan bien relevó mi padre, aquí va esta receta que seguro no se parece a ninguno de aquellos huevos al plato, pero que están buenísimos.

Dificultad: Fácil
Tiempo de elaboración: 1 hora
Ingredientes para 2 personas: - 1/4 cebolla
                                             - 3 tomates
                                             - 1 pimiento verde
                                             - 1 patata grande
                                             - 1 calabacín grande, o 2 si son chicos
                                             - jamón serrano a tacos
                                             - 1 chorizo
                                             - 1 bote de tomate frito casero
                                             - 2 huevos
                                             - Sal, pimienta y comino
      Comenzaremos la elaboración de este plato realizando el sofrito que suelo realizar en muchos platos, picando mucho la cebolla, y una vez dorada, se añadirán los tomates y el pimiento picados también. 
Mientras se hace el sofrito, pelaremos y cortaremos la patata en dados pequeños y la freiremos en una sartén aparte, reservándola una vez que esté bien frita.
Aunque el saber hacer es importante, este es un plato de suerte, pues el calabacín también lo trocearemos en dados pequeños y lo añadiremos al sofrito una vez que esté hecho. Añadiremos sal, pimienta y un poco comino. 
Mareamos el calabacín más que Carmela cuando hace la loca moviendo la cabeza, y después añadimos el jamón a tacos y el chorizo que habremos cortado en ruedas muy finas, como la manzanilla que le gusta a mi suegro. 
Posteriormente verteremos el bote de tomate frito casero y a los 5 minutos añadimos la patata, removemos y apagamos el fuego (dándole al botón de la vitro o cortando el butano. Sin agua, no te vaya a salir el bombero que tienes dentro). 
En realidad, es casi como si hubiésemos hecho un pisto, pero como lo disimulamos con el chorizo, lo meteremos en el horno, y nos lo comeremos enseguida por lo rico que estará, será un pisto y no pisto. 
Colocamos en cuencos de barro y estrellamos un huevo encima. Si son de los de Muro, mucho mejor, aunque en este caso lo haremos con cariño pues esperamos descendencia.
Metemos en el horno precalentado a 200º y lo dejaremos 8-10 minutos para que el huevo se cuaje. 
Y ya está. Cuidado con no quemarse al coger el recipiente, servir encima de un plato, porque si no, se quema el mantel, y no sirve. 
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